Barruntando en el Mandiles |
Guillermo Iriarte. Músico. 25 de mayo de 2010 También puedes leer la entrevista que Cáceres en tu mano ha hecho al grupo al ganar el Premio Creación INJUVE. Llevo días tratando de escribir un relato fidedigno, o por lo menos capaz de evocar la magia de aquel viernes en que conocí a Germán Narros, justo cuando nuestros amigos los Barrunto Bellota Band se disponían a ofrecernos música vibrante y cálida al albur de la presentación de su primer disco “Quercus Klezmer”. Aunque soy un artista limitado (en parte por la ineludible especialización ya habitual en la enseñanza de hoy en día) acierto a percibir que un género como el Klezmer (el folkclore de los judíos del Este de Europa, el pueblo Ashkenazi) fundamenta su colorido en la improvisación a partir de la repetición catártica de esas armonías tan intensas, llenas de energía y que soportan risas, lamentos (hasta gritos) de un sempiterno violín que conmueve el alma, y comprendo que para ello es imprescindible que los intérpretes respiren, existan, incluso sufran al mismo tiempo. Ése es el caso de Pedro Lópeh y Javier Jiménez Rolo. Pero es que también fue el caso del público que abarrotaba el Mandiles aquel 14 de mayo de 2010. Jamás hubiera llegado a imaginar (desde la experiencia mía cuajada de desencantos y sinsabores) que un grupo privado de apoyos oficiales, tan sólo armado de un talento que les desborda más ese carisma que nace en exclusiva del magnetismo personal, conseguiría elevar al éxtasis a un sinfín de personas entregadas a su música. En dichos momentos es cuando me atrevo a reflexionar sobre la adversidad de determinados destinos, para concluir intuyendo que toda tiranía, artística o política, que cualquier régimen basado en el voluntarismo contra natura, lleva impreso en su genoma la fecha de caducidad en que le corresponderá sucumbir. Porque el mérito y la aptitud invariablemente salen a flote para brillar y así guiarnos. Y en aquel instante me sentí dichoso por haber gozado del privilegio de descubrir la valía de Pedro y Javi en una clase de Historia de la Música que pronto se convirtió en tertulia, pues tal diálogo era preciso y urgente, teniendo yo tanto que aprender como ellos que aportarme. Desde entonces permanece la amistad, la camaradería y un amor compartido hacia aquello que de insondable encierra la música a manera de código inmaterial en el que se cifran nuestros afectos, anhelos, añoranzas, aspiraciones, nuestro tránsito por este mundo. Y queda la gratitud por todo cuanto nos regalaron una tarde que sé que nunca desearemos ni podremos olvidar. También puedes leer la entrevista que Cáceres en tu mano ha hecho al grupo al ganar el Premio Creación INJUVE.
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