WOMAD. Pedro Lópeh. Ska Cubano cierra el primer día de WOMAD |
Pedro Lópeh. 13 de mayo de 2011 Había ganas. No sé si es únicamente una percepción personal (espero que no), pero desde ayer jueves a primera hora de la tarde se advertía un tránsito de gente exagerado. Podías tardar media hora en llegar de La Cruz a la Plaza. Y es que con tantos fines de semana, vacaciones y puentes pasados por agua, la gente se ha echado a la calle en tropel para disfrutar del sol, el buen tiempo… y el Womad. Como es de costumbre, el primer día de festival es una jornada de reencuentros. El que más y el que menos recibe a invitados, saca sábanas y acomoda camas, esterillas, sofás desplegables y todo un completo arsenal de campaña. Se pregunta por lo de siempre: los estudios, las parejas, el trabajo, la vida, en general. El jueves de Womad, siempre, es como un facebook en vivo. A las 11 de la noche, con puntualidad womera, Ska Cubano subió el escenario de la Plaza Mayor para poner a bailar a toda la multitud, que era mucha. El grupo encargado de hacer olvidar el desplante de Imelda de May, tarea complicada, convirtió el macrobotellón del primer día en una verbena colorida. Se vio alegría, alboroto y desenfado. Al cuarto de hora había pocos que se resistían a mover la cabecilla al son de los contratiempos. El grupo, afincado en Gran Bretaña, no alberga pretensiones ocultas (no hay más que leer el nombre de la banda): basa su repertorio en un viaje de ida y vuelta entre el Caribe y las islas británicas. Tomando como punto de partida ese ska que nació en Jamaica a mediados del siglo pasado y voló a Inglaterra para convertirse en música de gran público, encara el camino de regreso a América para estacionar en La Habana. Es por ello que no suena a lo de siempre, que creemos escuchar algo mucho más cercano, que parece que los Skatalites, de repente, se nos han vuelto latinos. Por esas mismas características, como muy bien intuyó la organización cuando buscó sustituto para una de las cabezas de cartel, la gente entregó pronto la cuchara y la música estuvo en total consonancia con el ambiente. A medianoche, cuando se apagaron las luces del escenario, comenzó el otro Womad. Ése que unos cuantos seres en profundo estado de éxtasis hacen sonar al tantán de los tambores. Y que no se queje nadie, de verdad: un amigo me ha demostrado que ni las abuelas son capaces de evitar la tentación que supone poder darle un mamporrazo a un djembé. Es algo instintivo, programado en nosotros desde tiempos atávicos. Por eso lo mejor es no reprimirse, no capitular y comprar rápidamente un set de percusión. ¡Y a disfrutar! Agrega tu comentario |