La última entrega de Sherlock Holmes convence a nuestro crítico |
SinopsisAparece en escena una nueva mente maestra del crimen que rivaliza con la inteligencia de Sherlock Holmes. En diferentes ciudades se están produciendo llamativos atentados que, sin estar relacionados aparentemente, parecen llevar la firma del mismo autor, con intenciones de crear un nuevo orden mundial a raíz del caos. El afamado detective, junto a sus compañeros, tratará de evitarlo utilizando sus particulares métodos. CríticaEn buen momento y casi por demanda popular llega la esperada secuela de la original aproximación al icono de Baker Street que Guy Ritchie hiciera en 2009. En ésta ocasión, y como era de esperar, el proyecto carece del punch de su predecesora y sin acometer mas riesgos continúa, salvo algunos matices, con el patrón establecido consiguiendo, empero, la difícil empresa de no defraudar a la audiencia. Arriesgado fue el tamiz por el que pasó al detective, y ganó no pocos detractores, estupefactos ante la visión de un Action Hero con aspiraciones de Vodevil, a caballo entre la ironía amanerada, impulsos de artista marcial y deducciones cercanas a la clarividencia, donde antes hubiera un entrañable Peter Cushing en el apasionado Technicolor de la Hammer. Sin embargo, la nueva fórmula cosechó un éxito rotundo, pues aun con esquema rompedor supone una atractiva reinterpretación de la obra de Doyle que, junto a una cuidada producción, consigue convertirlo en más que un mero entretenimiento. Una vez más vuelven a destacar las cuidadas recreaciones de ambientes junto a una exquisita fotografía que se funde en un equilibrio ideal con las brillantes partituras de Hans Zimmer. La trama, de tintes apropiadamente folletinescos, se desarrolla en una buena puesta en escena de los diferentes personajes, añadiéndose la aparición del sempiterno Moriarty, y una simpática caterva de secundarios donde el realizador muestra su debilidad por la cultura Romaní de la que ya hizo gala en su genial Snatch. Cerdos y diamantes (2000). En las interpretaciones, cabe destacar el mayor protagonismo de un convenientemente flemático Jude Law, acercando su interrelación con el protagonista al patrón de una Buddy Movie. Pero es sin duda la presencia de Robert Downey Jr, quien acapara toda la atención, resultando el mayor atractivo de toda la cinta, en un rol que se adapta como un traje a medida a su propia idiosicrasia en una aventura que, con magistral pulso narrativo, sabe mantener el interés gracias a una trama bien urdida e inteligentemente dosificada con la alternancia justa de comedia, intriga y diversas escenas de acción, enfatizadas por el siempre efectivo bullet time que lo transforma en un espectáculo recomendable.
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