La construcción de una mentira. Por Julieta Pellicer |
Si bien hasta hace algunos años el mundo de la fotografía se hallaba restringido a personas con una formación técnica imprescindible y al empleo de ciertos materiales muy costosos, con la popularización de las nuevas tecnologías se ha convertido en un campo accesible y democratizado. Todo el mundo tiene hoy una cámara digital y no son pocos los que manejan programas de retoque fotográfico con resultados espectaculares. Sin embargo, aunque la imagen se distorsione o manipule, siempre queda la presunción de que existió algo parecido en la realidad. Y por eso la humanidad continúa, como dijo Susan Sontag, en la caverna platónica, deleitada con imágenes de la verdad. Las nuevas tecnologías incorporan lenguajes plásticos y abren vías de experimentación que no podemos obviar, pero tampoco debemos banalizarlas pensando que apretar un botón es lo mismo que hacer arte. Hay que aceptar que el papel del fotógrafo está cambiando, pero debería trascender más allá del mero efectismo visual o del virtuosismo técnico ya que en la expresión artística –y la fotografía se mueve en este terreno- no basta con el dominio de la técnica, por lo que resulta imprescindible la reivindicación de la sensibilidad y de la educación visual como ingredientes fundamentales en la creación fotográfica. Según Nietzsche la tarea del artista consiste en estructurar el caos que forma el mundo en una ficticia apariencia de mentira. Ésta debería ser también la labor del fotógrafo que, a partir de un encuadre selectivo, construye una escena aparentemente sin sentido o invisible ante los ojos de los demás. En este placer de creación a través del artificio, encuentra el filósofo alemán el verdadero motivo para sobrevivir al sufrimiento, negando la tradición platónica que descartaba a poetas y pintores de su ciudad ideal por ser contrarios a la defensa de la verdad. Aunque la fotografía responda a la realidad con mayor veracidad que otras artes miméticas, también resulta una interpretación del mundo, y por tanto la construcción de un engaño tanto como la pintura. Se han abierto interminables polémicas que enfrentan la fotografía clásica y la digital como mundos antagónicos, cuando quizás las discusiones debieran centrarse en diferenciar la fotografía amateur de la fotografía artística, aquella que nos impresiona por una apariencia técnica irreprochable y aséptica, de la que nace fruto de una valiosa inquietud, de quien que se deja maravillar por el mundo, tal como dijo Cartier-Bresson: “Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje”.
Comentarios (3)
Artesania
3
Lunes, 16 de Marzo de 2009 13:05
Charlt
Cuando el arte se democratiza demasiado, lo que se convierte es en artesanía, que no es menos que el arte, es simplemente diferente, otra cosa, una obra de arte debe ser única, con lo que no tiene nada de democrática, cuando existen herramientas para producir arte como churros, este deja de ser único, con lo que modestamente pienso que deja de ser arte, y si en el mejor de los casos hay un proceso manual para reproducirlo, se convierte en artesania.
Sí.
2
Lunes, 02 de Marzo de 2009 03:38
Villo
No es difícil mostrarse de acuerdo con un artículo tan bien traído como el que firma Julieta Pellicer. Sabe de lo que habla y cuenta en pocas líneas lo que a algunos sesudos pseudoeruditos del arte de la "luz", no llegarían a pronunciar jamás en discurso elaborado. La fotografía es lo que apunta y todo el engranaje que hay a su alrededor, incluido el lugar tamaño de la fotografía etc. No estoy enmendando la plana, sino leyendo un poco más lo que sugiere el artículo firmado por Julieta Pellicer que , creo que tiene tan buena mano pàra la fotografía, como para darle al arte de las letras: sintético,profundo,conceptaulmente digerido y sin aspavientos que desplacen a quien tenga el honor de leerlo. Ya quisieran algunos articulistas de oficio, poder contar con una frescura y una, repito, capacidad de síntesis, como la que hace gala Pellicer(Julieta). Enhorabuena.
Gran reflexión
1
Lunes, 24 de Noviembre de 2008 15:36
plopeh
La reflexión que se hace en este artículo es perfectamente extrapolable a otras artes. ¿No pasa lo mismo con la música? Hoy en día es bastante fácil acceder a un equipo de grabación; teniendo un buen ordenador puedes producir discos como churros: discos con retoques, con artificios sonoros curiosos, pero, al fin y al cabo, artificios. Para más inri, mucha de esta música consigue llegar a los circuitos políticos y sociales, extendiendo su mediocridad e impidiendo que el público escuche otras músicas de más valor (objetivo). La democratización de las artes es un logro de la progresía, muy bonito, muy loable. Pero hemos de preguntarnos si el arte humano no se está vulgarizando. O, al menos, si las corientes estéticas imperantes no son, cada vez, más infames.
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