Yann Tiersen. Parte II |
Yan Tiersen. Parte II. Como decía en la anterior entrega, existen varias divisiones en la música de Yann Tiersen, pero la más acentuada es la que viene dada por el lugar de grabación; en el estudio se da cita la parte más académica con una visión bastante particular de diferentes realidades sonoras, proveniente del contacto con diferentes tradiciones y folklores. Esta una de las características más importantes que posee Le Phare, publicado en 1997. La instrumentación es elegida meticulosamente, sin dejar en ningún momento sonoridades, colores, trazados al azar. Además, es reseñable el hecho de que Tiersen sea en muchos de los casos quien interpreta los diferentes instrumentos que, junto al espíritu multiestilístico del disco, le da un interés añadido, no solamente melómano, sino también técnico y musical, obviando sentimentalismos.
En este disco parece que Tiersen está empeñado en demostrar cuantos estilos es capaz de dominar, como el final con reminiscencia de tango en Les Jours Heureux, la música irlandesa en Le Fromveur, donde la superposición de violín y acordeón sugiere escuchar el bordón de una gaita en un acantilado de la Bretaña, pero siempre con ese toque personal. Ese universo de juguete que tiene vida propia en temas como Les Jours Heureux, o con el que decora el vals-mussete francés, dándole cierto toque sofisticado de evolución estilística, por la instrumentación ciertamente original, pero consigue que en ningún momento dé la sensación que quiera desprenderse de la tradición. Guarda similitud con lo que Piazzolla hizo con el tango en Buenos Aires: no anclarse, pero tampoco perder la identidad – solo que en Francia al bretón no lo odian o aman, tiene suerte de no suscitar tal arrebato de pasiones, que ocurre siempre que alguien trastoca el orden lógico de la aburguesada sociedad musical - Un ejemplo claro que aparece en este álbum es “La Noyee” pieza que juega con el timbre de acordeón, clásico en el vals parisino, pero con la particular visión de engalanarlo con un acompañamiento de cuerdas. En este mismo estilo bucea en las sonoridades más marítimas, como L'Arrive sur l'le, o en los sentimientos más hondos con piezas como La dispute o L'Homme aux Bras Ballants.
El caso es que haciendo gala del gusto por la heterogeneidad en su producción musical, continúa la línea del Rue des cascades, en cuanto a que desarrolla piezas minimalistas con el violín – la célebre Sur le fil – e incluye tres temas vocales, como ocurrirá a lo largo de su carrera, con la suerte de colaborar de nuevo Claire Pichet y Dominique A, con la “sonoridad Tiersen” tan interiorizada (¿o bien es al revés?) Agraciadamente, estos temas, sin aparecer en bandas sonoras o en otros medios que permitan mayor accesibilidad, han alcanzado también cierto reconocimiento, merecidamente, pues tanto Le bras de Mer, con ese halo de melancolía y oscuridad y más cercana al estilo de Dominique A – letra y música son suyas – como Monochrome o La Rupture, de instrumentación puramente Tiersen, guardan un mismo espíritu representado en diferentes voces, en diferente estilos.
Con la canción La Crise se establece un nexo con la otra subdivisión de estilos que mencionaba al inicio de este “ciclo Tiersen” Esta, aparentemente, inocente canción en estudio, se convierte en un cañón, pura furia en directo, y según evoluciona con el paso de los años, más directa y feroz: de la versión del Black Sessions, al C’etait Ici o la gira de Les Retrovailles, hay mucho rock por medio. Pero de eso ya se hablará en otro momento. Hay suficiente Tiersen con estos dos discos por el momento. Todas las entregasJavier Jiménez Rolo
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