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Eugenesia musical. Kroke

 

(Songs) Without words

 

Ahora que por primera vez en muchos días siento profundamente el calor en la piel, como por estas fechas debería ocurrir, creo haberme dado cuenta que la energía irradiada proviene de una fuente lejana en el espacio, pero cercana en el espíritu; el sol de Polonia esparce al viento los primeros acordes, cual rayos de sol saltando entre las cuerdas del contrabajo de Tomasz Lato, a los que se suman cual mantra las notas del acordeón de Jerzy Bawol, que dejan fluir, a través de las cortinas y demás percusiones que hace sonar magistralmente Tomasz Grochot, la imaginación que desborda la viola de Tomasz Kukurba. Esto es la luz, esto es el sol. Esto es Sun. Esto es Kroke.

 
 
Conocí al magnífico cuarteto polaco (algunas fuentes lo señalan como mejor grupo de world music actual) en un delicado momento de salud, y al igual que en otras ocasiones, por la radio. No eran las circunstancias personales idóneas, pero ese hecho me permitió dedicarle el tiempo que le era necesario y disfrutarlo al máximo. Encontré en una revista una referencia de un disco en directo de “ese grupo” que había escuchado y me había gustado (probablemente fuera con, dentro de lo que cabe, su disco más flojo: The sounds of the vanishing world) ahora son, para mí, EL GRUPO.

Encuadrándose dentro del klezmer (música popular judía de Europa Central)- más profundamente en sus inicios que en la actualidad - Kroke es una formación siempre innovadora, en mi opinión, referencia en cuanto al proceso de buscar siempre el desarrollo de un sonido propio sin dejar de lado ni su identidad ni la tradición. Podíamos hablar largo y tendido sobre este tema: modernidad y tradición, y la delgada línea que los más ortodoxos no dejan separar, pero no es el asunto que nos ocupa. Si no se hubiera traspasado esa línea Kroke no existiría. El estilo de sus canciones no es el tradicional, en el sentido habitual de los grupos de folk, de sonar las melodías populares tal cual son aludiendo fidelidad a la fuente original; evolucionan paralelos a otros estilos, incluyendo entre sus recursos la improvisación, algo que se hace habitual en las secciones centrales de sus temas para el goce de sus aficionados, dado el exquisito gusto y la capacidad inventiva de los instrumentistas melódicos de la formación. Y no solo de los melódicos: si Kukurba pone voz al sentimiento de la formación, Grochot le da el ritmo necesario para que, cocido a fuego lento, salga este delicioso manjar creativo que es Kroke. Cada uno por su cuenta, y cada uno en su ámbito y tesitura, dispone en dos sublimes improvisaciones los elementos necesarios para dejar claro que tradición e innovación no están reñidas, como se puede demostrar en los temas de creación propia, que preceden a cada una de ellas: Childhood y Usual Happiness.

Otro de los puntos álgidos del “sonido Kroke” y que donde mejor se advierte es un concierto en directo, como es el caso del disco que nos ocupa – Live at Home, publicado en 2004 en Oriente Musik – son los ambientes creados; realmente, y por muy manidas que estén este tipo de frase, son viajes por diferentes espacios sonoros, como por ejemplo, a través del tiempo en Time,  núm. 7, sintiendo el peso y el paso del tiempo en cada acorde; a continuación te despegas de tu asiento a través del misticismo de Waves y caminas notando el agua entre los dedos, las olas meciendo suavemente bajo tu mirada y el sonido de una flauta sugiere ver matas de juncos, y embarcaciones  orientales meciéndose en la tranquilidad de cualquier canal de cualquier ciudad oriental. Sin necesidad de hacer trasbordo en ninguna estación de tren viajamos hasta tierras balcánicas, para que al son de Ajde Jano, santo y seña del klezmer originario de la zona, e himno quasi oficial de Kroke, las tensiones y distensiones en la improvisación hacen el tema no apto para cardíacos, no lo prueben en sus casas si no están dispuestos a sumergirse en un continuo vaivén de fluctuaciones de energía positiva; por eso para finalizar nos refugiamos en un ambiente, aunque un poco húmedo y con goteras, al menos más reposado. Es el resguardo que nos ofrece Cave, pieza final del disco y que devuelve circularmente el itinerario nómada al hogar, recapitulando, desde los albores de la jornada, bajo los rayos del sol, hasta el ocaso del día, con el reposo del viajero ofrecido por una cueva. Si al final va a ser verdad que para viajar no hace falta moverse del sitio. Con esto de la crisis, así sí se puede ir de vacaciones; les invito, a ritmo de Kroke. ¿Se apuntan?
 
 

+ entregas de Javier Jiménez Rolo.

 

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