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MÚSICA. Luigi Giuliani valora el primer disco de Scath "Live irish music"

Scath, la madurez de la session, Luigi Guiliani

Luigi Giuliani. 7 de enero de 2012.

En la última década Cáceres se ha convertido en un punto de referencia (nacional y no sólo) en el panorama de la música tradicional irlandesa (MTI). Prueba de ello son las ocho ediciones celebradas del Fleadh hasta hoy, con carteles de primer nivel, gran asistencia de público y músicos. El éxito del Fleadh se inserta en un humus de sessions en que, primero en el Lancelot y más recientemente también La Puerta de la Estrella, se han forjado una docena larga de músicos que han sabido captar la esencia de esta música y crecer técnicamente a nivel individual y como colectivo. De esta manera Cáceres se coloca en una constelación de ciudades (Madrid, Barcelona, Sevilla, Córdoba, Málaga, entre otras) donde la MTI vive en conexión con experiencias similares en otros países europeos, en una saludable senda de “buenas prácticas” y lejos de las banalidades de ese fenómeno comercial conocido como “música celta”. Scath es uno de los frutos de ese ambiente “Irish” de Cáceres: un cuarteto de músicos criados al calor de las sessions y con una buena trayectoria en los escenarios, capaz de ofrecer una música en que el feeling no se separa de la técnica y la autenticidad.

Ahora Scath ha vertido parte de ese patrimonio sessionero cacereño el molde de Live Irish Music, un CD que da buena muestra de las potencialidades (aún sin desarrollar por completo) del grupo. Las seis pistas del disco contienen otros tantos sets instrumentales formados por piezas de baile tradicionales y alguna composición propia. La impresión general –lo adelanto desde ahora- es la de un disco agradable, con algunos momentos notables al lado de otros mejorables, que se presenta con la frescura (y la irregularidad) de un demo más que de un producto diseñado y acabado con una clara estructuración interna. Me refiero, por ejemplo, a la decisión de conceder un espacio excesivo a los jigs: entre los diecinueve temas montados en los sets se hallan doce double jigs, tres slip jigs y sólo cuatro reels, sin ninguna representación de otros palos de baile tradicionales (hornpipes, slides, polkas, valses, mazurkas) o slow airs, al revés de lo que se viene haciendo tanto en la práctica de las sessions como en las grabaciones, donde los reels suelen prevalecer. Sin embargo, junto a esa escasa tendencia a la variación hay que señalar también que el disco gana interés con el paso de los temas, siendo los últimos sets decididamente más convincentes que los primeros, tanto por lo que se refiere a la técnica individual como a la ejecución de conjunto. De alguna manera, es como si la grabación reflejara la evolución del grupo en estos años. Se pasa así de un set de jigs tradicionales (Blarney Pilgrim/Kesh/Legacy Jig) donde en cada vuelta los temas se ejecutan sin apenas variaciones, al set de reels de la sexta pista (Road to Cabañas/Kerfunken/Always Waiting), rico en matices, ornamentaciones y expresividad.

Portada disco de Scath -Live irish music-

También los arreglos más interesantes se encuentran al final, frente a otros inspirados en grabaciones ajenas (me refiero a The Jig Danced at The Church Square, claramente derivado -directa o indirectamente- del arreglo de la gallega Muñeira de Cabana por la Battlefield Band en su disco Celtic Hotel, de1987). Y no creo que sea una casualidad que el conjunto suene mejor precisamente cuando Scath no cede a la tentación de la “cover” y propone un estilo propio que, sin querer ocultar la influencia de grupos como Altan o Solas, sabe resaltar el fraseo rítmico de determinados temas. Es lo que sucede por ejemplo en la pista cuatro, en que tres slip jigs tradicionales (delicada y acertada sobre todo la ejecución de Humours of Whiskey) preceden al único cambio rítmico del CD dentro de un set, que se produce con el paso al espléndido reel Branhom, compuesto por Maire Breathnach. O también en la pista seis, que empieza con el “anónimo” double jig Gan Ainm (que en gaélico quiere decir “sin título”; se trata en realidad de The Cobbler, un conocido standard sessionero), pasa por el salto tonal de The Rogaire Dubh (nombre irlandés de The Black Rogue) y termina con la brillante composición original de Extremalicia (¿o Galimadura? Hay cierta confusión en la notas del disco) de Pedro Sánchez.

Y entre los aspectos más positivos del disco sorprenden los temas originales del flautista Miguel Sánchez, sobre todo los reels Stepping to Tipi y Greenfields Indoor que, lejos de las complicaciones y los alardes de otras creaciones “de autor” que andan por ahí, son capaces de alcanzar la claridad, sencillez y brillantez de la línea melódica propias de los mejores temas tradicionales. Es ésta, para mí, la señal de la madurez alcanzada por estos músicos que, más allá de su crecimiento técnico, han sabido asimilar y reproducir el lenguaje y la sensibilidad de una música como la ITM que –como todas las músicas tradicionales vivas- posee la dificultad de la sencillez y la profundidad de lo auténtico.

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