Facebook Twiteer Youtube

Suite Iberia por González

Fotografía de wikipedia

El auditorio del Complejo Cultural San Francisco acogió ayer un concierto al que ningún aficionado a la música de verdad debió faltar. La hora (20:00h), prudencial; la entrada, gratis; el motivo: Albéniz. No hay excusas, pues.

El pianista canario Guillermo González, experto en el repertorio del compositor Isaac Albéniz, se puso a las teclas del piano de cola del auditorio para interpretar la Suite Iberia, conmemorando el centenario de la muerte de su autor. La Iberia, desde el momento de su publicación, fue y es considerada como obra cumbre del nacionalismo español, aunque más bien debiera tomarse como exponente perfecto de un impresionismo que toma la tradición del sur peninsular como despensa de ingredientes. Tal es la magnitud de la obra que en el Conservatorio de París, hasta hace bien poco, era de análisis obligatorio; o, por poner otro ejemplo, Debussy, el genio francés que marcó una época en la música post-romántica, murió mientas realizaba una versión orquestal de la misma.

Acometer al piano la interpretación de la Suite Iberia al completo es una hazaña de la dimensión de tocar todos los estudios de Chopin del tirón, el Arte de la Fuga de Bach o media docena de sonatas de Beethoven. Se entiende así, por tanto, que González acabara exhausto, y que las dos pausas de diez minutos entre las tres partes del concierto sean casi un requisito imprescindible. Se agradeció, además, el carácter pedagógico de las indicaciones que el maestro ofreció antes de cada grupo de piezas.

En cuanto a la ejecución en sí, no se puede decir otra cosa que: sincera y tierna. Y es que sobre la Iberia se han escrito, y se escribirán, miles de páginas, pero se echan en falta visiones subjetivas y personales de una obra que se ha quedado grabada en el imaginario musical colectivo con el sello de pianistas inmortales como Alicia de Larrocha o Esteban Sánchez. El músico canario le dio un toque intimista –lástima la ignominiosa acústica del recinto- y apoyó con su interpretación lo que reiteró varias veces: “es una obra eminentemente triste”. Al margen de considerar esta concepción acertada o no, no cabe duda de que, en este tipo de conciertos, el público se presta gustoso como ciego de un lazarillo reputado y coherente. Gustó y emocionó todo, pero quedarán en el recuerdo las coplas del “Albaicín”, las danzas juguetonas del “Lavapiés” y, sobre todo, las sobrecogedoras campanas de la sección final de “El Corpus Christi en Sevilla”, tras haber escuchado, durante casi dos horas, la “tarara” y otras decenas de cancioncillas populares deconstruidas al uso y capricho del genial Albéniz.

De estos espectáculos uno sale enardecido. Como el pianista, que no ofreció ningún bis porque “después de esto no se puede tocar nada”. Y tiene razón. Tras la escucha en directo de estas obras, amplificada la sensación si el intérprete es de la talla de González, algunos corremos el peligro de abdicar de nuestras revoluciones y gritar –los dedos cruzados, por si acaso-: ¡¡Viva la música española!!

Comentarios (1)
Auditorio San Francisco
1 Lunes, 23 de Noviembre de 2009 12:56
Mancho
No entiendo como es posible que este concierto se diera en el peor espacio que hay en Cáceres para este tipo de recitales. Estoy con usted, Sr. Lópeh....ignominioso no se, pero peor que cualquier otro recinto, desde luego. En fin, tendremos que asumir que eventos de este tipo son menos trascendentes para nuestra ciudad que un concierto en el Gran Teatro de Pastora Soler

Agrega tu comentario

Tu nombre:
Tu dirección de correo:
Título:
Comentario:
  La palabra para verificación anti SPAM. Letras minúsculas sólamente y sin espacios.
Palabra de seguridad: