Hilario Bravo

NINFA GRAMATICAL

22 Mayo 2009 · Sin Comentarios

HACIA EL ORIGEN

 

María García Yelo

CARTA A UNA NINFA I

Entre la figuración y la abstracción, el arte prehistórico y el expresionismo de cuño norteamericano, la escritura automática y la pincelada espontánea, el collage y la pintura… La última exposición de Hilario Bravo en Madrid, Titulada Pizarras de dicción, aglutina los referentes habituales en su trabajo, que, como señalara María del Mar Lozano Bartolozzi, se inserta “en una corriente de pensamiento, de cultura o de culturas que se reencuentran con las enigmáticas filas de megalitos de Bretaña, con las culturas aborígenes oceánicas, con las intervenciones del land art de Richard Long o con el radicalismo de Joseph Beuys”. Y, efectivamente, a lo largo de su trayectoria Bravo ha mostrado un continuo interés por utilizar distintas estéticas, traducidas a un lenguaje personal, tal y como se desprendía de las piezas expuestas en las muestras celebradas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (2001), en el Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo de Badajoz (2001) o la más reciente, Puertas del sueño, instalada en el Museo de Cáceres (2004).

En el punto de partida.

 

CRUZ EN A

En esta ocasión, el artista confiesa haber “sentido la necesidad de reflexionar sobre el origen de la gramática pictórica intentando abrir un paréntesis que rastree los elementos que activan ese mecanismo que estampa las reflexiones en una imagen y que sirven de punto de partida al dispositivo del arte”. Y, por ello, esta últimas pinturas están plagadas de signos que podrían crear un particular sistema de comunicación, compuesto por símbolos que parecen letras (Principio lógico, 2004), ideogramas (Pizarra esencial, 2004), números (Pizarra gris, 2004)… Una búsqueda de un código lingüístico y plástico que recuerda a las pretensiones de Adolph Gottlieb, Henri Michaux, Paul Klee o Cy Twonbly. Además, siguen presentes los aspectos que siempre han hecho reconocible su trabajo: la áspera abstracción, la simplificación de las formas, los juegos de geometrías, las secuencias reiterativas de símbolos (aspas, cruces, puntos…), la pseudo-figuración (siluetas que simulan casas, caminos, riachuelos…), las líneas erráticas, las manchas emborronadas, la inclusión de fragmentos de tela o papel, los espacios compartimentados, los contrastes cromáticos (grises, negros, tonos verdosos… interrumpidos por acentos rojos o amarillos), un cierto decorativismo… Y todo con un sentido de la austeridad y la melancolía casi religioso.

Blanco y Negro Cultural, nº 669 de 20 de Noviembre de 2004

 

 

 

 

 

 

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