Y Lisboa otra vez, siempre, con sus tranvías de los años 50 y los aviones rozando las antenas de televisión de las casas, y la luz blanca, y Pessoa en cada rincón, en cada pousada. Fuimos a divertirnos a la Gulbenkian contemplando de forma activa obras ambiente de Ana Vieira, Sala de Yantar, obras land art de Alberto Carneiro o instalaciones objetuales de Emilia Nadal. Y volveremos en primavera.
