Los ataques a la música y al fenómeno acústico, en cuanto arte son,  se cimientan en la RAE. Sí, esos señores mayores que nos salvan de las fauces de la cultura urbana y vulgar sentados en sus  emes mayúsculas y sus zetas minúsculas. La música, dicen, es arte. El arte, siguen diciendo, es una manifestación humana. Y se quedan tan panchos.

Así, de este plumazo, se cargan una buena parte de arte terrestre y, de paso, rebajan la Música al nivel de las artes humanas; y, como les dije en la primera entrega de este evangelio, eso no es así. Porque, ¿no hacen música algunas especies animales? Reformulo: ¿algunos animales no producen sonidos por puro placer, desligando dicha actividad de sus intenciones sexuales instintivas? Pregunta irónica: ¿y eso no es arte? Respuesta evidente: sí. Estupendo, estamos en el camino.

En mi cruzada para demostrar que la Música es lo más parecido al Primer Motor Inmóvil de Aristóteles, el tema sonoro animal es muy importante. Y es importante porque, de ser cierto que otros seres vivos hacen música, esto supondría que el juego acústico está anclado en nuestro cerebro primitivo, ese cerebro que hemos heredado de nuestro paso por las anteriores etapas evolutivas. Tenemos un sello en la cabeza que dice “música”, y esa etiqueta es una de las pocas que, a ojos de una civilización extraterrestre, nos distingue de, por ejemplo, las piedras, los papeles y las tijeras. Por otra parte, pocas personas se han parado a pensar que la música y la danza son las únicas habilidades artísticas humanas que también encuentran creadores entre nuestros amigos los animales.

Por causas de vistosidad, vamos a centrarnos en el canto de los pájaros. En este tema, como en muchos otros, sentó cátedra el señor Acebes, y encontramos dos líneas de investigación: la que intenta buscar razones instintivas que incitan a los pájaros a cantar y la que intenta buscar argumentos para defender que, en ocasiones, los pájaros cantan por placer. Con respecto a la primera de las vías, se me hace difícil pensar que todos los sonidos de los pájaros están siempre condicionados por ganas de apareamiento, apetencia de lechugas y deseos de una manicura de plumas. Yo creo en la segunda de las explicaciones: a veces, los animales cantan por puro placer, hacen arte. ¡Hacen arte! Es difícil sostener que el canario de la jaula siempre que hace ruido es porque quiere hembras. Sería de un optimismo y un vitalismo digno de admiración, desde luego.

La zoomusicología se está abriendo paso poco a poco, y libros como “Por qué cantan los pájaros”, de David Rothemberg, rebajan la soberbia humana hasta el punto de concluir que el arte musical no es sólo una distracción de nuestra especie. Estudios como el publicado recientemente en “Nature” sobre cómo funciona el cerebro de los pájaros diamante y cómo influyen las temperaturas (y su bienestar) en su canto, cómo tienen sentido del tempo y del ritmo, son muy interesantes al respecto de lo que nos ocupa. Dicho estudio deja caer, además, que es posible la comunicación afectiva con los pájaros a través de la música. Quizá Buda lo sabía. Otra investigación, realizada en Argentina y publicada en “New Scientist”, ha comprobado que también hay modas entre los cantos pajarunos. Sí, como lo oyen. Desde 1.973 hasta 2.003, han ratificado que las canciones antiguas dejan de emocionarles y les limita en sus relaciones (como me pasa a mí con La Campanera, versión de Joselito, que nadie aprecia en su justa medida), mientras que los últimos hits se popularizan entre los pajarillos más melómanos.

En definitiva, está demostrado que los pájaros hacen música, música no sujeta al dictamen del instinto. Se recrean, gozan con los sonidos. Y es más que probable que otras especies animales también lo hagan, pero la mayor distancia evolutiva hace que los humanos no sepamos explicar cómo lo hacen. Este ejemplo nos sirve para entender por qué la Música está tan arraigada a nuestra existencia: nuestro cerebro primitivo es musical. La Música no es arte puramente humano: la Música no es algo en la Historia de la Humanidad: el ser humano es algo en la Historia de la Música.

Ahora pueden ir entendiendo un poquito la sentencia de Wilde que adapté para el anterior episodio de este blog: el resto de artistas son músicos frustrados.

Nos vemos pronto.

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La música: la música. ¿Arte o fenómeno físico intrínseco al devenir del universo (el que conocemos y el que no)? Yo creo que es más que eso y todo eso a la vez: la música es arte y fenómeno, producción animal y causa física independiente, caldo y cuchara, fiero león y gacelilla herida.

Aprovechando que me lee poca gente, en las próximas entregas voy a despacharme a gusto con todo tipo de artistillas post-modernos que pululan por la viña del Señor, con sus memeces, con sus opiniones estéticas. Voy a parir, vaya. Y es que, últimamente, parece que todo el mundo anda pregonando lo banal y lo artificioso de la música, lo sublime de otras artes. Todo el mundo nos vende la moto de su poesía visual de tres dioptrías y media, su cine periférico hexadecimal, su arquitectura cruz-jesucrística, su danza de Lucifer con el tridente y los cuernos, su literatura automática sin letras, su escultura post-marxista antediluviana, su fotografía de objetivo cerrado y pespunte en los ribetes, su gastronomía de la que prefiero no hablar porque engordo, etc. Es lo que tiene la libertad de expresión. Ésos, como decía Wilde, son músicos frustrados. Y unos estafadores, agrego yo. Y no es que no admire muchas de tales manifestaciones artísticas, pero los que nos intentan adoctrinar con su verbo perverso, los que justifican su incompetencia y mal gusto en base a nuestra –supuesta- incultura, los que nos convencen de que su arte es la mejor de todas y nos hablan de cómo Dios, antes de dormir, hace lo mismo que ellos… ésos, me joroban. También hay muchos músicos así (quizás, yo), pero les salvo de la primera de mis quemas. Me explico: entre un artista cualquiera y un músico, si ninguno de los dos es mujer, le doy el caramelo al músico.

Como no me gusta hacer perder el tiempo a la gente, voy a resumir en setenta y dos palabras lo que pienso argumentar medio científicamente en nosecuántas entregas: “Aquí no hay democracia, señores: la Música, mal que les pese, está por debajo y por encima del control humano, es la más elevada de las artes clásicas y neoclásicas, nuestra existencia animal –y la existencia del universo, añadiría- está vertebrada por el fenómeno acústico. Desde la evolución de las especies hasta la búsqueda extraterrestre (hablo en serio), casi –casi, casi- todo está condicionado por el sonido, el sonido ordenado no aleatorio”.

Y no hablo de relativismos ni de interpretaciones libres de la Realidad: les hablaré de Física, de Antropología, de Biología, de Metafísica.

Además de mi madre (gracias, mamá), si hay alguien dispuesto a seguir leyendo, será bien recibido. Admito de ustedes insultos, improperios, descalificativos… y hasta que me digáis que parezco un músico.

Nos vemos próximamente.

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Y hemos venido para intentar hacer cosas.

Cáceres en tu mano es un proyecto, un sueño que pretende dinamizar la información cultural y la actualidad sobre Cáceres y su entorno cercano, así como ser portavoz y canal conductor de las opiniones y las ansias participativas del pueblo cacereño. Podemos cambiar cosas, podemos disfrutar más de nuestra ciudad, podemos informarnos acerca de las posibilidades que Cáceres ofrece y las actividades que aquí se realizan, podemos conocer y potenciar a nuestros artistas, podemos influir en las decisiones políticas que a todos nos afectan…

Por otra parte, vuestra colaboración es imprescindible. Todo aquel que quiera participar en Cáceres en tu mano será bien recibido. Todo aquel que me quiera hacer llegar alguna inquietud o proponer cualquier tema tendrá, igualmente, las puertas abiertas.

En este blog, bitácora humilde de un siberiano toca-teclas, escribiré (con la mayor asiduidad posible) todo aquello que me parezca interesante para ustedes. Soy músico, me dedico a diversos oficios dentro de este arte sonoro, por lo que muchos de los artículos versarán sobre Música y músicos, arte y artistas. También soy apasionado de la política y el debate, de Extremadura, de la Historia y de las gilipolleces más bárbaras. A estas categorías se circunscribirán el resto de las entradas.

Espero sus comentarios, sus opiniones, su participación. Espero que este blog sea de su agrado.

Y nada más, señores, señoras, bienvenidos al kilómetro 0, al momento en el que saco mi fuelle de la caja y me pongo a sonar.

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