Momentos desvaneros
Martes, 6 de Octubre de 2009 por rauljg
El nuevo disco de “El desván del duende” ya está en la calle, ratonando por las esquinas, mezclándose entre la gente como el duende garrapata. Meses de duro trabajo en Madrid, Badajoz y Jerez para al final recompensar a su buena gente con otra joya rumbera.
A la cabeza de este nuevo proyecto mi gran amigo José Manuel Díez, voz y poeta además de colaborador en mi libro “Simples discurrires. La caja desempolvada”, y acompañándole en la aventura mi otro buen amigo Miguel Vivas, peazo de artista de Conil nacionalizado extremeño y auténtico maestro donde los haya.
Y habrá mucha más gente indudablemente que ha trabajado en este disco, pero que desgraciadamente yo no he tenido el inmenso placer de conocer, ni ahora ni en los inicios de todo.
Pero con estos dos ratones desvaneros, el Josele y el Migue, vienen a mi cabeza imborrables recuerdos y momentos cuando no eran más que un tío que tocaba la guitarra y se parecía al del Arrebato y un loco que daba más voces que un tapicero.
Momentos en Badajoz, en la majestuosa villa de San Roque, en aquel mágico rinconcito que nosotros conocíamos como las naves. “Pisha, tócate una del Sabina” y el pisha que se tiraba sin miedo pero haciendo mucho ruido, “…ruido tan oscuro, puro y duro ruido…” Y otro litro, y ¡a volaaaaarrrrr!
Y saltaba el “farlopa” y su Mr. Proper, mientras, entre dos aguas, el Migue y un par de palmeros hacían llorar a la luna. Y otro litro y ¡esas manos bien abiertas genteeee!
Y así pasábamos las noches, mirando sin vértigo al abismo, con nuestras grandes alegrías y nuestra pequeña tristeza, y al son del sur, a veces amanecía y lloraba el sol de ver a un grupo de roedores en la frontera de lo puramente incorrecto.
Y esa es nuestra historia, su historia, la historia de unos locos que un día apostaron por la música y otros locos que les impulsaron a hacerlo, aquellos que se iniciaron con aquella cojonuda Maketa, tres duendecillos metidos en un barreño de cinc que se presentaron en Cáceres una noche en la antigua Furriona y que entre camareros y todo éramos veinticinco, y como diría el “farlopa”, por el culo te la jinco
Y es por eso hoy que, mirando la portada de “Increíble, pero cierto”…
“…Una brisa de jara despeinó mi melena,
me dibuja una sonrisa pétrea
y pasa.
La encina corcovada del apático páramo,
con los siglos en sus ramas,
me advierte
con su mirada cansina
que una vez le robé su verde juventud
condenándola a vivir meciendo
mi columpio de soga y cojín
y que hoy muere gibada.
Como cristal ahumado
por los musgosos cantos
está la charca.
Improvisado escenario de ranas
en sus conciertos estivales,
eternos,
descompasados, arrítmicos,
sin horario establecido
pero mágicos.
Hoy he vuelto donde nací,
no parece igual,
todo cambia, nada queda,
sólo se mantiene la huella imborrable del recuerdo…”