“A Mumia Abu-Jamal”
Saluda la sombra del blanco,
me obliga a nadar en ciénagas de ron,
a bailar aturdido sobre el campo de cipreses
bajo el alarmante zumbido de la luna.
Lleva una venda negra en la boca,
me desquicia.
Me escaldan mis entrañas,
se ahogan mis tripas descarnadas a viva voz:
¡gritad, gritad más alto, así sabré que estáis!
risa perturbada de un ángel negro.
Sólo se quita la venda
para escupir mis zapatos de baldosas verdes.
¡Cuándo cuelguen mis pies caerán al infierno!
Ya huelo el nauseabundo pollo, frito, frío,
sin cabeza que espera cantando alboradas
junto a la taza del retrete y vomita a ratos.
Raül Jurado Gallego
