OPINIÓN. Reflexiones sobre la dimisión de Berlusconi en "Su sueño, nuestra pesadilla" |
Alessandro Sbarufatti. Martes 15 de Noviembre de 2011 SU SUEÑO, NUESTRA PESADILLA Italia es el nombre de ese país tan peculiar en el medio del Mediterráneo, con forma de bota y con una selección de fútbol que con esa forma tan suya de jugar, odiada por muchos y envidiada por otros pocos, ha conseguido cuatro títulos mundiales a lo largo de su historia. Italia, una nación que más allá de sus fronteras ha sido siempre relacionada con la mafia y la pasta, que no dejan de ser dos tópicos, pero tampoco dejan de ser dos realidades. Pero la bota es mucho más que esto, es una península riquísima geográfica y artísticamente hablando. Los italianos estamos muy orgullosos de nuestra tierra, pero mentiría si no confesara que en mis últimos 10 años, pasados en el extranjero, a veces no me he sentido tan orgulloso de serlo. Y la culpa estoy seguro de que la tuviera un tal Silvio, un empresario que soñaba con transformar su país en su nueva empresa. Tras diecisiete años liderando una “empresa” compuesta por más de 60 millones de personas, Don Silvio Berlusconi, abandona el barco y nos deja en la quiebra, tras haber vivido y disfrutado su sueño. Tal vez, yo haya tenido suerte de no sufrir en primera persona sus caprichos y sus locuras, pero os aseguro que duele escuchar noticias sobre tu país en la radio o en la tele y que estas tengan que ver siempre con las graves meteduras de pata de un presidente que no consideras tuyo. Un presidente que nos deja en herencia un país que necesita un lavado de imagen que no será fácil de llevar a cabo. Un país desfigurado por el conflicto de intereses, privado de las básicas reglas de convivencia y humillado por los escándalos de prostitución, no solamente sexual. Por estos motivos y muchos más, parte de la población italiana ha bautizado el 12 de noviembre de 2011 como el nuevo “Día de la Liberación”, igual que aquel 25 de abril de 1945 que significó el fin del régimen fascista de Benito Mussolini. La gente salió a la calle para celebrarlo, pero muchas veces, quizás demasiadas, no tuvo el valor de hacerlo para pedir su dimisión, que está claro que ha llegado tarde y gracias a las leyes de mercado impuestas por la Unión Europea. Me cuesta decirlo pero los italianos o por lo menos la mayoría de ellos nos quejamos durante todos estos años pero no hicimos nada para salvaguardar la dignidad de nuestra tierra. Ahora a mi querida Italia le esperan tiempos difíciles, para poder resurgir de sus cenizas, y afortunadamente lo hará sin un tal Silvio, un empresario televisivo que convirtió su sueño en nuestra pesadilla. Adiós Silvio, hasta nunca. Alessandro Sbarufatti Agrega tu comentario |