OPINIÓN. David Barcenilla. "Estudio de campo" sobre la política del país |
David Barcenilla. 28 de Noviembre de 2011 ESTUDIO DE CAMPO Antes la gente vivía con dinero, coches y pisos vacíos. La gente no se preocupaba de la economía. Hoy, la sombra de la austeridad es producto de esta despreocupación y de no tener en cuenta que sin los demás no somos nadie. Sin los demás no cobramos subvenciones ni prestaciones, ni realizamos proyectos sociales, ni creamos empleo. Sin los demás sólo creamos miseria y favorecemos la especulación. En su día, nos lanzábamos a un consumo desorbitado sin prever sus consecuencias y hubo sinvergüenzas que robaron con nuestro permiso de ignorantes. Hace años, los gobernantes sacaban pecho porque ellos solitos creaban muchos puestos de trabajo. Unos empezaron ese nefasto juego y otros les siguieron, vendiendo sus vanos logros como reales. Hoy siguen sin reconocerlo, en lugar de admitir su falta de previsión. Sus objetivos políticos, reforzados por una tramposa Ley Electoral, se han venido cumpliendo sistemáticamente ante la ignorancia de un país cada vez más inculto y experto en ladrillo y telebasura. Quizás sea necesario que pasen algunos años más para presenciar el estertor del actual sistema. El gigante de pies de barro se cae. Si lo dicho anteriormente, no es más que mi subjetiva opinión de las cosas, lo que resumo a continuación es, y permitidme la frivolidad, mi estudio de campo particular: En mi estudio de campo veo que el país que he descrito anteriormente y que tanto legisla, dejó todo bien atado para que apenas haya margen de maniobra en políticas sociales de Estado y mucho menos locales. Recientemente aprendí –ignorante de mí- que la Ley impide que a un señor que tenga un coche de lujo, no se le pueda cobrar más impuesto de rodaje que al dueño de un zarrio con el mismo caballaje; o que cualquier señor con discapacidad, aunque esté forrado, se beneficia de exenciones que para sí quisieran familias que rayan la pobreza; o que las políticas de participación son una falacia más de los políticos, que procuran que todo siga igual, aunque cambie la apariencia. También he constatado que los políticos de nuestra ciudad sólo se acercan al ciudadano para aparentar una cercanía que olvidan cuando llegan al gobierno, y que se mosquean si criticas su actuación. Por cierto, discúlpeme Sra. Alvear, por no asistir a la invitación que para hoy nos hizo el Ayuntamiento. De mi parte y de la de los vecinos ya tiene todo nuestro reconocimiento, pero si el Ayuntamiento no nos quiere recibir para hablar de las cosas que nos importan, que tampoco nos llame para llenarles huecos en la platea. Y así podría seguir y seguir, harto de pamplinas, con mis razonamientos políticamente incorrectos y muy, pero que muy empíricos en mi particular estudio de campo que me gustaría compartir con todos vosotros. La confirmación de todo esto la veremos en las próximas navidades. Los políticos municipales, serán nuestras cobayas particulares. Se acercarán cándidos y cercanos, a los vecinos para hablar de “tonterías”, que las cuestiones importantes ya las resolverán ellos solitos. Dicen que unos se cabrean y otros lloriquean cuando “rajamos”. A mí me trae al fresco. A la política, como dijo alguien, se viene llorado de casa, a lo que yo añado: el cabreo y la soberbia, hay que dejarlos también en casa, más que nada por motivos de salud.
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