OPINIÓN. Tía Julita escribe: "El Cuento del Reino que quiso volver a ser feliz" |
Lunes 19 de diciembre de 2011 EL CUENTO DEL REINO QUE QUISO VOLVER A SER FELIZ “Cualquier parecido con la realidad, es una mera coincidencia…” Hubo una vez, hace muchísimos años un reino próspero y feliz. El suelo era fértil y los agricultores le trabajaban con entusiasmo. Tenía minas de oro y plata que aumentaban continuamente el tesoro de sus arcas. Sus habitantes iban diariamente a trabajar contentos, y volvían a sus casas felices de disfrutar en familia el fin de una jornada laboral satisfactoria… Todo era prosperidad y paz, y el Rey era también feliz viendo a sus súbditos contentos con su suerte. Pero, casi sin darse uno cuenta todo cambió: la tierra dejó de dar excelentes frutos, hubo tiempos de sequía y en los mercados no se podía comprar lo que la gente requería. Las minas se cerraron porque ya el subsuelo estaba agotado, y la gente comenzó a saber lo que era necesidad. El Rey pidió ayuda y consejo a los Reyes vecinos. “Estamos igual que tú; nosotros también tenemos a nuestros reinos bajo la amenaza de la pobreza, y no sabemos qué hacer”, le respondieron. -Majestad, tenemos que buscar una solución urgente o el pueblo morirá de hambre o se irá allende los mares a buscar fortuna… le decían apurados sus Ministros. El Rey, muy preocupado por la suerte de sus súbditos, llamó a sus mejores Consejeros: -Necesitamos urgentemente vuestros informes: id por todas las regiones de mi Reino preguntado a sus habitantes por sus necesidades. Pensad detenidamente en los cinco proyectos que os parezcan los mejores para superar este tiempo de necesidad y que sean los que más trabajo ofrezcan a mis vasallos. Quiero que volvamos a ser felices. Haced esto en aras de esa futura felicidad: no os prometo ninguna recompensa material por ello, pero sabed que siempre contaréis con mi agradecimiento. Los Expertos, conmovidos por la preocupación de su Rey, marcharon sin dilación: en poco tiempo regresaron con sus informes. Entonces el Rey, después de hablar con sus Ministros se dirigió al pueblo que esperaba impaciente sus palabras. Los emisarios fueron por todas las ciudades y aldeas, leyendo el Edicto Real: -Queridos todos, os habla vuestro Rey: Después de requerir el informe de los Sabios de mi Reino, ya sé las medidas que todos vamos a tomar para superar este tiempo de dolor y penuria. Cada Región –continuó hablando- ha informado de cuáles son sus necesidades perentorias. He mandado a mis ministros que a todos los hombres que tengan trabajo, les sea rebajado un día de su sueldo, para acometer esos proyectos que ellos mismos han visto como necesarios para superar estos tiempos aciagos. Es mucho el dinero que se puede recaudar, y por tanto las obras de fábricas, o de regadío, o de las instalaciones necesarias para que la Región vuelva a ser próspera, se verán enseguida realizadas. Cuando se termine un proyecto, se empezará otro: Solicité a mis sabios cinco para cada Región. Así veréis que este impuesto redunda en vuestro propio beneficio. Y esta misma orden, me la impongo a mí como Rey, a mis Ministros y a todas las personas de mi Corte. A todos los terratenientes y nobles. Todos veremos rebajados en un día al mes nuestros ingresos. El tiempo que haga falta. Sin excepción alguna. Pero el fin será que nuestro querido Reino volverá a gozar de prosperidad, y que lo habremos conseguido entre todos. Y así fue: No sin sacrificio, pero sí con entusiasmo y esfuerzo, se volvieron a los tiempos de bonanza. El ejemplo cundió entre los Reyes vecinos, y todos se alegraron y trabajaron para que con prudencia y justicia, la felicidad volviera la sonrisa a los labios de los habitantes de sus reinos.
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