OPINIÓN. Tía Julita reflexiona sobre los juicios y las culpas: "¡Peligro! ¡Me van a regalar un traje!" |
Tía Julita. Viernes 27 de Enero de 2012 ¡PELIGRO! ¡ ME VAN A REGALAR UN TRAJE ! Estas Navidades me llamó mi hijo desde el país del otro lado del mundo donde está ahora. “Mamá, -me dijo excitadísimo, a través del teléfono-, te voy a regalar un traje de ceremonia ritual. He estado en una boda, y la verdad es que el trajecito en cuestión me ha fascinado”… y empezó a contarme cómo era el susodicho: que si gasa plateada la casaca, que si el pantalón abombado de terciopelo, y no sé cuántas cosas más. La verdad es que me reí mucho de la ocurrencia. No me imagino vestida de esa guisa. Pero el que un hijo te quiera regalar un traje es por otra parte, muy de agradecer. De forma que asentí. -“ Y… ¿vas a venir a dármelo? Porque eso sí que me gustaría más que el traje.” -“No, imposible. Yo hasta dentro de un año o algo más no volveré a España. Te lo enviaré por correo. Eso sí, aunque es un regalo necesito un favor para facilitar el envío: te envío la factura, (cifra astronómica, que no me entra en el presupuesto). Tú me la devuelves firmada y después yo te envío el trajecito. Te llegará para mayo o así, en plena primavera. Y tú me envías una foto con el traje puesto para presumir de madre con mis amigos de aquí….” -“Oye, yo no entiendo para qué necesitas tú una factura que yo no voy a pagar… Porque… ¿yo no pagaré nada…?” - “ No, no, nada, mamá: cosas de la burocracia local de este pueblo. La novia vió que me quedé embobado con su traje ritual y me lo regala. Y no creas, como verás por la factura vale un pastón. Pero me dice que si le doy una factura cumplimentada, ella la presenta al grupo de amigas que le hizo el traje, y …. a ella le rebajarán no sé cuánto… No he entendido muy bien el por qué, pero bueno, es lo mismo. El traje yo te lo regalo, porque a mí me lo regalan. Y si la factura tampoco la tenemos que pagar, ¿qué más dá el que la cumplimentemos?” Me quedé bastante confundida, con la cabeza echando humo y trabajando a pleno gas… Pero no conseguí entender el meollo de la cuestión. De modo que fui retrasando el asunto, como si no me acordara de nada… Mientras tanto, la televisión aquí en España nos emborrachaba a base de juicios de trajes… de grabaciones de conversaciones telefónicas en las que todo el mundo era bueno pero parecía todo lo contrario… o mejor, todo el mundo parecía malísimo y resulta que todos son buenísimos, después de la sentencia. -“¿Sabes lo que te digo? – le solté a mi hijo el otro día-. Pues que te agradezco infinito el regalo, pero yo no firmo ninguna factura. Porque, tal y como están las cosas, ¿quién me dice a mí que voy a tener la suerte de Camps? A lo peor, me denuncian y yo no quiero acabar con mis huesos viejitos y duros en el trullo… He sido siempre muy decente, y bueno, lo que es la costumbre… quiero seguir así. CONCLUSION FINAL: Hubiera agradecido muchísimo que no nos dieran tan exhaustiva información – sesgada, a lo que parece-, porque ahora me va a costar mucho el rebobinar el juicio de culpabilidad que mentalmente emití. No se puede jugar con la fama de las personas. Una vez que se dicte una sentencia, es bueno que se den toda clase de detalles aclaratorios. Pero antes, ¿por qué, si se corre el peligro de difamar o infamar, aunque sea involuntariamente? TÍA JULITA
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