Sinda, Sinde, Sindi. Otro punto de vista a la Ley antidescargas |
Pedro Lópeh. Músico. 31 de enero de 2011 Leer artículos sobre piratería, los creadores, la Ley Sinde y demás, se ha convertido en un ejercicio de resistencia a tópicos y leyendas urbanas cuyo único resultado es hacer yermo un debate que merece muchas más consideración y categoría. Ahora mismo, a pocas semanas para que se apruebe una norma que pretende regularizar las descargas de contenidos protegidos, parece que la discusión se reduce a la dicotomía artistas/piratas, como si de buenos/malos se tratara. Poco o nada se ha escuchado sobre la raíz primigenia del asunto, el concepto de propiedad intelectual, lo que provoca (tonto el último que saque tajada) abusos por ambas partes: unos piratean como cosacos, otros cobran hasta por el silencio (¡¡está registrado!!). Obviar que la cultura es un bien intangible y que, como tal, necesita una legislación diferente a la de los bienes muebles es un error que algún día será irreversible. Si aceptamos que el arte es imprescindible para alegrarnos las penas y que los artistas han de proteger sus obras para, como mínimo, escapar a los plagios e intentar vivir de su trabajo, el siguiente paso es decidir cómo queremos sustentar a los creadores. Hay dos opciones: considerar las obras artísticas como bien de interés público y pagar a sus autores con nuestros impuestos (crear un seudo-funcionariado a las órdenes del poder político) o considerar el arte como un producto de consumo común y dejar que los autores se busquen la vida (crear un gremio a las órdenes del poder económico). La primera opción, evidentemente, genera grandes conflictos (¿cómo decidimos y quién decide qué artistas merecen la pena?), a pesar de lo cual algunos sectores están inflados con dinero público: el cine, las vanguardias de todo tipo y esa entelequia que es el arte contemporáneo. La segunda opción crea otros problemas: el acceso a la cultura estará determinado por el poder adquisitivo de los sujetos, lo que es una auténtica aberración; y el arte habrá de ser comprado, lo que hace ilegal cualquier tipo de práctica piratesca. ¿Solución? Probablemente, la única salida al problema es conjugar las dos opciones anteriormente comentadas y regarlo todo con una buena dosis de civismo, lo que significa que en España nunca llegaremos a ningún puerto, ni bueno ni malo. Si cada persona no contribuye al sistema en la medida de sus posibilidades, pirateando por aquí y comprando algún disco que otro por allá, si nadie, absolutamente nadie, paga nunca un duro por contenido artístico, los creadores no se sostienen. Claro que habrá gente que haga cosas, pero nadie debería poner en duda que el amateurismo degrada la calidad de las creaciones hasta límites insoportables. La piratería radical, aunque no quieran aceptarlo, contribuye a que cada vez haya más basura: no nos engañemos, hoy en día solo emerge aquello que tiene apoyo de grandes compañías empresariales. Que haya un par de grupos al año que se den a conocer por Internet es una anécdota que ni siquiera da de comer a sus componentes (rezarán para firmar por una buena compañía). Llegados a este punto, no está de más comentar brevemente algunas leyendas de barrio que se esgrimen desde el sector pirata, desmentidas desde la experiencia: - “Los músicos viven de los conciertos”: El 99% de los músicos cobran menos de 120€ por concierto. Difícilmente puedes llegar a dar más de 25 ó 30 conciertos al año. Calculen. Por otra parte, se le quita poder a las discográficas para dar pábulo a las prácticas mafiosas de agencias de management y representantes de baja calaña. En Extremadura tenemos buen ejemplo de ello. - “Las discográficas se dedican a robar”: Como todo en esta vida, las hay buenas y las hay malas. Nunca se habla de los miles de puestos de trabajo que sufragan. Nunca se habla de las sumas de dinero que adelantan a los artistas para hacer sus discos, del apoyo y de la búsqueda de salidas. Cierto es, no obstante, que algunos precios son desorbitados, pero no creo que sea tan caro como la gasolina (por poner un ejemplo). Un trabajo discográfico de calidad es imposible sin una buena compañía detrás. Así de claro. - “Compartir archivos no es ilegal”: No lo es, no, pero sí lucrarse con ellos, como hacen muchas páginas que todos conocemos (yonkis…), que ganan dinero por medio de la publicidad gracias a contenidos cuya propiedad no ostentan. Menuda cara, ¿no les parece? En el partido contrario, el de los creadores, también hay frases que pasarán a la Historia de las Infamias: - “La cultura se paga”: Llevado hasta sus últimos extremos, esta afirmación es digna del fascismo más recalcitrante. Si eres negro y has nacido en Senegal puedes ir olvidándote de los discos de Melendi. Que la cultura se paga, oiga. - “La piratería mata el arte”: Me hace gracia que bajarse una película de Kurosawa o un disco de la Velvet, a estas alturas, vaya a dejar sin trabajo a alguien. No quiero pecar de dandismo, pero estoy seguro de que el 99% de las cosas que mis amigos y yo nos bajamos no están en ninguna tienda de España ni, si me apuran, de Europa. Bajarse una película de estreno es, ciertamente, inmoral; bajarse algo que no puedes encontrar en una tienda o que no puedes comprar sin perjuicio de tu higiene, no hace daño a nadie. - “La SGAE cobra lo que legítimamente generan nuestras obras”: Cosas como el canon digital son de dudosa constitucionalidad. Si compras un disco de música original, otro virgen para hacer una copia de seguridad y pones ese mismo cedé en un bar, ay, amigo, estás pagando tres veces por lo mismo, por si acaso te escapas. En definitiva, el tema es complicado. Podríamos estar hablando páginas y páginas y no llegar a aclarar ni la mitad de las cosas. Lo que sí sé es que la Ley Sinde no va a arreglar nada: el ingenio pirata siempre irá por delante de las leyes; la SGAE seguirá medrando al amparo de la indiferencia política; las compañías telefónicas presionarán para que el ansia por el ancho de banda les siga reportando beneficios… La vida seguirá igual, no se preocupen.
Comentarios (8)
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La verdad es que yo creo que la única solución justa es que el quiera algo lo compre... si entramos en que la cultura es universal y todo el mundo puede acceder a ella... pasará como en todo. Cobrarán los primos y los tíos del que reparte el bacalao. y mas en un tema tan subjetivo como el artístico.
En mi opinión y aunque suene fuerte, bajarse una canción sin pagar es como robar en la tienda de enfrente, solo que protegido por el anonimato.
Creo que tu visión reguladora de la propiedad intelectual mediante el civismo popular es algo interesante pero utópico: interesante porque propones un sistema anárquico que se autorregula a traves de sus miembros activos; utópico porque el sistema económico en que vivimos produce desigualdad y, por lo tanto, los valores cambian drásticamente.
Yo tampoco defiendo el "todo gratis" precisamente por aquello que comentas: hay ciertas manifestaciones culturales muy demandadas por su alta calidad artística que absorben todo el tiempo y esfuerzo de sus creadores, y evidentemente meceren (sobre)vivir de sus propias obras.
Pero el punto que más me interesa es el que relaciona el marketing y la venta de contenidos con las nuevas tecnologías. En esta era de la globalización, la gente ve como absurdo que un película tarde tres meses en aparecer en los cines españoles respecto a la fecha de salida en su país de origen. O que ofrezcan varios singles por la radio antes de que se lance el disco al mercado. No se trata de la cultura del "todo gratis", sino del "todo ahora". No es de extrañar que las películas que más beneficios han obtenido en los últimos años son aquellas que se han estrenado simultaneamente en todo el globo.
Me aferro a lo que dices en cierto momento: "No quiero pecar de dandismo, pero estoy seguro de que el 99% de las cosas que mis amigos y yo nos bajamos no están en ninguna tienda de España ni, si me apuran, de Europa". Las promotoras artísticas no van a comercializar un producto si el margen de beneficios de su venta no es muy superior a los costes de producción y distribución, lo cual es un auténtico atentado tanto a la creación de arte como al acceso a la cultura. En el mundo de la música y el cine, esto es la canción de todos los días. En el de la literatura no ocurre tan a menudo: es increíble ver la de publicaciones que existen de toda índole, pero eso sí, los precios no son tan accesibles. Puedes encontrar un libro titulado "Calor corporal de los pingüinos durante el mes de Junio" y pagar por él 80 euros.
Con esto quiero decir que en el momento en que tus gustos se desvían de la media, más difícil es el acceso a la cultura, lo que sería encontrarse en los extremos de una campana de Gauss, y por lo tanto, no hay más remedio que acudir a la mal llamada "piratería".
Un abrazo.
Como bien indicas, hay varios tipos de propiedad: de obras de arte, de software, de productos empresariales... hasta de vacunas. El artículo sólo versa sobre la propiedad intelectual artística, pues es el que más debate suscita ahora. Por otra parte, nadie está obligado a registrar sus obras en ninguna entidad de gestión de derechos (SGAE y demás), sino que puede hacerlo en otras (de moda en la actualidad, como Creative Commons, donde sólo defienden tus derechos morales y no los patrimoniales -por tanto, no hay nada de dinero-) o no hacerlo.
Estimado ANÓNIMO:
Tienes razón en que me he centrado demasiado en los discos, pero lo hago así porque es de lo que más entiendo (yo diría que casi de lo único). Con respecto a la dicotomía que presento (socialización del arte vs capitalización del arte), bueno... más bien diría que propongo un modelo mixto, parecido al actual, pero que sólo se sostiene con civismo, como comento en el artículo. No creo que la gente decida, por sí misma,qué arte merece ser difundido y cuál no... Precisamente hablaba de que la piratería radical (imaginándonos una distopía en la que nadie compra nunda nada) nos hace más bárbaros, pues en ese caso sólo los más poderosos (los que tienen el apoyo de grandes compañías) podrán acceder al público, negando así un gran abanico de posibilidades al común de los mortales. El marketing, la publicidad y demás, como bien dices, influye mucho sobre la percepción que tiene la gente de la calidad artística, y precisamente por eso debemos apoyar la compra (según las posibilidades de cada uno) de arte para poder sustentar manifestaciones artísticas que no cuentan con el beneplácito de la industria (que no representa al público, se representa a sí misma, a sus intereses). Aceptar el "todo gratis" es mutilar la cultura, pues, y en eso no coincido contigo, hay productos culturales (yo diría que todos) que requieren una gran inversión de formación, tiempo y dinero. No creo que la gente esté en contra de ese arte "no masivo" (y, por tanto, no lo compre), sino que sin educación cívica el 99% de las personas prefieren algo gratias, "pirateado", a algo que cuesta dinero. Si la gente no disfrutara con el arte prefesional, el no amateur, éste no sería objeto de descargas, no existiría, y los datos nos dicen que, precisamente, este tipo de productos son muy demandados.
Dicho lo cual, quiero dejar claro que no estoy en absoluto en contra de las descargas. Probablemente me meterían en un buen lío si buscaran en mis discos duros, pero en cuanto he tenido un sueldo más o menos estable, mi moral (y mi capricho, en algunas ocasiones) me ha dictado que, de vez en cuando, no está de más comprar algún disco o película. Es mi forma (y no digo que sea la adecuada, es la que siento como justa) de contribuir a alimentar un sistema que pierde más que gana, y al que tengo profundo cariño, con sus cosas buenas y malas.
¡Muchas gracias por vuestros comentarios!
El software libre no puede ser otrro ejemplo?
Los músicos y artistas que no esán de acuerdo con todo esto y comparten sus creaciones en la red no son artistas?
¿Por qué todo se resume a la venta de un trozo de plástico? ¿Cómo influye la variable del marketing en dicha venta, obviando la calidad final del producto? ¿Qué papel cumplen las nuevas tecnologías?
Todos esos interrogantes quedan en el aire mientras criticas una dicotomía proponiendo como solución otra dicotomía: socialización del arte versus capitalización del arte. Y sin embargo, el problema no es el arte en sí mismo, sino los beneficios que (no) genera. Yo no veo ningún problema en la "amateurización" del arte pues, al fin y al cabo, quienes disfrutan de ese arte es el pueblo y por tanto es él quien decide aquel arte que merece ser difundido y aquel que merece ser olvidado, nos guste o no nos guste (inclúyase una vez más la variable del marketing).
Creo que uno de los puntos más interesantes de este debate se centra en la duración de los derechos de autor, es decir, cuándo tiempo permanecen las creaciones artísticas como propiedad absoluta de su autor.
Pero sin duda alguna, no podemos relativizar el concepto de propiedad intelectual basándonos en el aspecto creativo intrínseco de la música, la pintura, el cine, etc., porque corremos el riesgo de tergiversar el término tal que sea entendido como una patente. Con una visión tan cerrada, podríamos considerar que el 99% de los artistas plagian de un modo u otro al resto de artistas, por poner un ejemplo musical, no en las composiciones, sino en el estilo, en la interpretación, en la coreografía, etc.
Pero por favor, no caigamos en la corriente reduccionista como en tu último comentario. A Correos jamás se le ocurriría aumentar el precio de los sobres porque yo envíe discos a un amigo. La SGAE no puede pretender cobrar un canon a Correos porque no vaya a ser que en una carta que escriba se me ocurra añadir citas de un libro sin permiso del autor. Y es normal que si mando un montón de cartas, me gustaría que hubiese tres carteros en vez de uno. Metafórico, pero cercano al ejemplo que quiero proponer.
Un abrazo.