En Berlín: Reflexiones sobre España |
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Página 1 de 2 "En Berlín: Reflexiones sobre España" es un texto de Javier Arroyo. Parte de este artículo fue publicado por El periódico Extremadura el pasado domingo 20 de febrero. Cáceres en tu mano lo publica íntegro. Javier Arroyo. 20 de febrero de 2011 Perdonar y olvidar son palabras muy distintas, no son sinónimos. Sin embargo, en España se confunden a menudo cuando se trata del perdón y del olvido referidos a nuestra reciente historia: el golpe de estado que acabó con la democracia española de la II República, la guerra civil, la larga y brutal represión de la posguerra, el miedo y los “25 años de paz”, la tardía recuperación, la muerte del dictador y, luego, la de su régimen con la transición a la democracia. Hay quienes ahora se aprovechan de la bondad de la primera -perdonar- disfrazando de sinónimo a la segunda -olvidar-, cuando esta última no tiene en sí ninguna bondad que sea comparable a la de la primera. Un tejemaneje que no parece darse en Alemania. Sin duda, el perdón es tan bueno como necesario, para vivir y progresar en colectivo, en sociedad, en familia o en amistad. La historia de la humanidad avala esta afirmación. Hace 21 años de la llamada “caída del muro” de Berlín, que durante más de dos décadas partió en dos esta ciudad inmensa y separó a familias y amistades, a sus ciudadanos. Entre las muchas y diversas impresiones que esto produce, un asunto me lleva a la reflexión: el de cómo lo han hecho en Alemania y cómo aún lo estamos haciendo en España. En Berlín se aprecia una verdadera reconciliación, con muestras auténticas que en España aún están por ver. Son dos países y procesos distintos, ya lo sabemos. También lo son el muro que separó a los alemanes y el que dividió a los españoles. El de Berlín fue alzado por algunos, sufrido por casi todos y finalmente derribado. El que separó a los españoles, aún siendo más viejo, quizá todavía no haya desaparecido del todo. No es de hormigón, no se pueden hacer museos con él, no se pueden dejar marcas conmemorativas en el suelo de las plazas por donde pasaba, como en la Potsdamer Platz, que estuvo dividida en dos; no se pueden utilizar sus restos a modo de memorial, en calles, plazas y riberas, a la entrada de un puente o a la salida, según se mirase. Y sin pretenderlo, he aquí otra palabra que aún se reivindica en España: la Memoria Histórica. Memoria contra el olvido y contra la historia falseada. Alemania está llena de memoriales. Los alemanes llevan décadas pidiendo perdón al mundo -lo han obtenido, sin duda- por las terribles consecuencias de su régimen nazi. Y lo hacen también consigo mismo por las consecuencias de la rotura en dos del país y la separación que acarreó. Hubo perdón, se han perdonado. ¿Olvido? En absoluto, todo lo contrario. Entonces ¿dónde está el problema con los españoles? Es un asunto largo y complejo, pero quizá el meollo tenga que ver con la torcida confusión de esas dos palabras tan distintas: perdón, olvido. Quizá tenga que ver también con el hecho de que los perdonados parece que no se dieron por aludidos y por eso exigen también el olvido. Pincha sobre "Próximo" para seguir leyendo el artículo |